Muchas personas que conviven con la migraña no saben exactamente en qué categoría se encuentran. «Me duele la cabeza a menudo» puede significar cosas muy distintas desde el punto de vista clínico, y esa distinción no es un tecnicismo: determina el tratamiento, el pronóstico y el riesgo de que la enfermedad empeore con el tiempo.
La clave está en los días de dolor al mes
La Sociedad Andaluza de Neurología (SAN) es clara en la definición: se habla de migraña episódica cuando las crisis ocurren menos de 15 días al mes. Cuando el dolor aparece 15 o más días al mes durante al menos tres meses, se considera migraña crónica.
Baja frecuencia y alta frecuencia: una distinción clave dentro de la episódica
Dentro de la episódica existe además una distinción relevante: la de baja frecuencia (menos de cuatro días al mes) y la de alta frecuencia (entre cuatro y catorce días). Esta última es la que más riesgo tiene de evolucionar hacia la forma crónica.
Una diferencia que no es solo de frecuencia
La distinción entre episódica y crónica no se reduce a contar días en el calendario. La migraña crónica conlleva una carga muy superior: produce entre cuatro y seis veces más discapacidad que la episódica. Mientras que el porcentaje de personas con discapacidad muy grave en la forma episódica es del 19%, ese porcentaje asciende hasta el 70% en la forma crónica.
Además, quienes la padecen en su forma crónica responden peor a los tratamientos, lo que convierte la prevención de la cronificación en uno de los objetivos prioritarios del manejo clínico. Por eso es tan importante entender bien el coste social y personal que tiene la migraña cuando se cronifica: no es solo más dolor, es más vida afectada.
¿Por qué se cronifica la migraña?
La cronificación no ocurre de forma aleatoria.
El abuso de analgésicos, el factor de riesgo más evitable
El factor de riesgo más frecuente (y también el más evitable) es el abuso de analgésicos: tomar medicación para el dolor más de diez días al mes, sin supervisión médica, es una de las principales causas de que la migraña episódica evolucione hacia la forma crónica.
Estrés, sueño y otras comorbilidades que alimentan el ciclo
A esto se suman el estrés mantenido y los trastornos del sueño, la obesidad y la presencia de ansiedad o depresión, comorbilidades que a su vez alimentan el ciclo de empeoramiento.
Cada año, cerca de un 3% de las personas con migraña episódica pasan a la forma crónica, mientras que un 6% pasa de una migraña de baja frecuencia a una de alta frecuencia. Son cifras que hablan de la urgencia del diagnóstico precoz.
El gran pendiente: el diagnóstico
Uno de los problemas más serios en España es el retraso diagnóstico. La Sociedad Española de Neurología estima que más de un 40% de las personas con migraña están sin diagnosticar, y que el paciente puede tardar más de seis años en recibir un diagnóstico, pudiendo transcurrir hasta 14 años desde la primera crisis hasta la primera consulta con atención especializada.
Este retraso tiene consecuencias directas: sin diagnóstico, no hay tratamiento adecuado. Y sin tratamiento, muchos pacientes recurren a la automedicación, que a su vez acelera la cronificación. Un círculo vicioso que empieza, precisamente, por no saber qué tipo de migraña se tiene.
¿Cuándo es necesario el tratamiento preventivo?
El tratamiento de la migraña se articula en torno a tres pilares: identificación de los factores desencadenantes, tratamiento sintomático de las crisis y tratamiento preventivo.
Anticuerpos monoclonales y gepantes: los avances más recientes
Este último pilar es especialmente relevante y, sin embargo, está muy infrautilizado. Todo paciente con migraña crónica, o con migraña episódica con más de tres crisis al mes, debería recibir tratamiento preventivo. Los avances recientes (anticuerpos monoclonales frente al CGRP, gepantes) han ampliado considerablemente las opciones disponibles, incluso para quienes no respondían a los tratamientos clásicos.
Lo que conviene recordar
Saber si tu migraña es episódica o crónica no es una cuestión de etiquetas: es el punto de partida para recibir el tratamiento que te corresponde. Si sufres dolor de cabeza de forma frecuente, llevar un diario de cefaleas (anotando días de dolor, intensidad y medicación tomada) es el primer paso para que el neurólogo pueda establecer un diagnóstico preciso y un plan terapéutico adaptado.
Si tienes dudas sobre tu caso, puedes consultar el material de consulta del Grupo de Cefaleas de la SAN para entender mejor los criterios diagnósticos y los tratamientos disponibles.
La migraña no tiene cura, pero sí tiene tratamiento. Y cuanto antes se actúe, más posibilidades hay de evitar que una forma episódica se convierta en crónica.






